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SUCRE: NOTAS DE EMERGENCIA
25 de Noviembre, 2007


Juan Cristóbal Soruco: Paz y gobierno
 
Una vez más los enfrentamientos ganan el escenario debido a la incapacidad de los operadores políticos, sociales, cívicos de superar enconos e intereses particulares.
 
La mayor responsabilidad –ayer y hoy- es del gobierno, que, una vez más, ha sido sobrepasado por las fuerzas que él mismo ha azuzado. Y no es una simple jugada del destino que SU constitución haya podido ser aprobada sólo en instalaciones militares.
 
No sólo el gobierno tiene responsabilidades. La oposición –política y regional- ha mostrado una vez más ser incapaz de leer la realidad e identificarse con las demandas de un pueblo que ve cómo una nueva ilusión se desmorona y siente que, al hacerlo, él mismo puede ser arrastrado a la violencia y el hambre.
 
En este concurso de mezquindades y desorientación participan algunos medios de comunicación audiovisuales, que olvidando sus funciones de informar con idoneidad y convertirse en canales de paz y entendimiento, han decidido asumir posiciones políticas para lo cual manipulan información, crean confusión y lanzan mensajes incitando a la violencia, el regionalismo y el encono. Que así actúen las emisoras gubernamentales es una irresponsabilidad, pero que lo hagan cadenas que se autoasumen democráticas y al servicio de los “sin voz” es intolerable.

Es el momento de realizar los esfuerzos mayores para recrear espacios de paz y diálogo; de superar enconos, soberbia y sectarismo. Esto es más importante para el gobierno, cuyas autoridades debieran recordar que el país vivió momentos similares en febrero y octubre de 2003, y junio de 2005, en los que la falta de gobierno y comprensión de la realidad condujeron a quiebres institucionales de los que, como nos muestran los acontecimientos de Sucre, no podemos terminar de recuperarnos.
 

Francesco
Zaratti: Paralelismos de lo sucedido en Sucre
 
Ayer (1825) el general Antonio José de Sucre trasladó el pequeño y profesional ejército libertador de la ciudad de Charcas a Potosí, con el fin de permitir a los asambleístas de aprobar la constitución del nuevo país, Bolivia, deliberando sin ninguna amenaza ni presión de las armas. Se crea Bolivia por unanimidad y consenso.
Hoy (2007) el gobierno de Evo Morales Ayma lleva a sus asambleístas a un recinto militar, con resguardo policial, con el fin de transformar Bolivia mediante la aprobación, sin leerla, de una nueva constitución. Se profundiza la división y se exasperan los regionalismos.
 
Ayer (2003), el democrático gobierno de Sánchez de Lozada, decidido a proveer de combustibles a la ciudad de La Paz a cualquier costo, durante una protesta social, cargó con decenas de muertos entre manifestantes alteños, estuvieran o no en lo correcto.
Hoy (2007), el democrático gobierno de Morales Ayma, decidido a aprobar una nueva constitución a cualquier costo, recibe el esperado “regalo de navidad”  incrementando más muertos a la larga lista de su gobierno, esta vez entre policías y manifestantes sucrenses, estuvieran o no en lo  correcto.
 
Ayer, activistas de derechos humanos, periodistas progresistas, abogados defensores de la democracia, catedráticos e intelectuales,  reclamaban desde la oposición que ninguna ambición política justifica la vida de un hombre.
Hoy, los mismos personajes, incorporados al actual gobierno,  callan o balbucean que tal vez estaban equivocados y que los muertos también tienen color político.


Roberto Laserna: Hay espacio para la concertación, pero se achica
 
Persistir en el error para no dar muestras de debilidad es, paradójicamente, la mayor señal de debilidad que se puede dar. La renuencia a tratar el tema de la capitalidad, inexplicable en quienes hicieron campaña con la promesa de refundar el país, ha llevado al gobierno a cometer una sucesión de graves errores. Lo ocurrido estos días en Sucre nos muestra a un gobierno enredándose cada vez más en sus propios problemas o escapando en desbandada para evadirlos. Sus grupos de choque fueron derrotados en las calles por la juventud sucrense. La policía ignoró su mando y abandonó la ciudad, dolida con la gente y furiosa con las autoridades, y el ejército se limitó a resguardar sus propias instalaciones.
 
El gobierno puede seguir tratando de imponer su proyecto, como lo ha intentado hasta ahora, pero el costo político de hacerlo será creciente y el costo social para el país también. A Evo Morales le queda la alternativa de la concertación, pero deberá demostrar que es más digno de confianza que sus ministros o su vicepresidente, que fallaron en sus empeños o los enturbiaron al tratar de instrumentarlos a su favor. Recuperar la confianza sólo será posible si el propio Presidente asume la responsabilidad de la concertación y renueva su equipo de colaboradores, alejando a quienes han llevado a su gobierno al extremo grado de debilidad en que se encuentra ahora.
 
Los autores son miembros de www.columnistas.net













































































     
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