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YPFB, plan de inversione

Carlos Miranda Pacheco
La Razón, 28/01/2010

En un artículo anterior expresé mis temores sobre que la suscripción de la cuarta adenda al Contrato de Venta de Gas al Brasil, si bien representaba un ingreso adicional por licuables, podía también significar la imposibilidad de contar con un complejo petroquímico de polietileno en Puerto Suárez.

Tratando de despejar esa inquietud, accedí al Plan de Inversiones 2009–2015 de YPFB Corporativo. Es un voluminoso y enjundioso documento de 248 páginas, lleno de sorpresas, elaborado por dos vicepresidentes, tres asesores, 29 gerentes y 30 otros profesionales, aprobado por su directorio en noviembre del 2009, y de cumplimiento obligatorio.

Volviendo al inicio: ¿Se harán o no polietilenos en el país con los licuables del gas de exportación al Brasil? El Plan ignora el tema, tan sólo contempla una planta de extracción de GLP en Río Grande, cuya producción debe ser cuidadosamente coordinada con la planta existente de GLP en el mismo lugar para no afectar la calidad del gas de exportación al Brasil. El gas rico en licuables continuará cruzando silenciosamente la frontera, hasta fin del contrato, como lo ha hecho hasta la fecha. Una gran pérdida. Puerto Suárez es un punto ideal geográficamente, de distribución, pues cuenta con la materia prima y el tiempo es el correcto en función de la demanda regional. Los tiempos políticos cambiaron y naufragó el proyecto. Adiós polietileno boliviano, sinónimo de petroquímica en cualquier parte del mundo.

Ahora la industrialización según el Plan. El proyecto estrella es la conversión de gas a líquidos (GTL). Proyecto imprescindible, según el Plan para el abastecimiento de diesel. Peligrosa decisión. GTL es un proceso todavía no aceptado totalmente en la industria petrolera y además muy caro. El otro proyecto importante es la producción de fertilizantes nitrogenados en base de gas natural amoniaco y urea. La planta de urea tendría una capacidad de 800.000 T/a con el 85% para exportación. La planta estaría ubicada en el Chapare. Será un problema logístico muy interesante el movilizar 650.000 toneladas anuales hacia los compradores en un mercado extremadamente competitivo. Posteriormente, al 2014 se instalaría otra planta de fertilizantes en el Chaco.

Olvidándose que industrializar el gas significa el cambiar la estructura molecular del gas, ¡se planea una planta termoeléctrica en el Pantanal y la fabricación de viviendas de PVC en el altiplano! (planta para casas prefabricadas de laminas de PVC). El PVC probablemente sería venezolano. Llama la atención que los planes de YPFB ignoran la existencia de la Empresa Boliviana de Industrialización de los Hidrocarburos (EBIH), establecida en la Constitución Política del Estado, (Art. 363), creada con D.S. 29514 del 29 de abril de 2008 con un presupuesto inicial de $us 300 millones en el TGN.

Pero dejemos el tema para pleito entre YPFB y la EBIH y miremos algunos otros aspectos sobresalientes del Plan que tiene grandes sorpresas, algunas aterradoras. Si bien el Plan es para las inversiones 2009-2015, todo el tiempo se muestra el 2026 como horizonte. En esta forma establece una demanda potencial del gas al 2026 de 100.2 MMm3/d, llegando a casi 90 MMm3/d para el 2015. Por otro lado, muestra que la producción de gas el 2015 sería de 72 Mmm3/d como fruto de lo que se denomina producción acelerada (los campos existentes) más la suma de resultados positivos de exploración tipo A (prospectos con 30% de probabilidad de éxito). Ambas producciones empiezan a decaer el 2020 y se estabilizan desde 2021 al 2026 en 60 MMm3/d, con la ayuda de los resultados positivos de exploración tipo B (prospectos con 20% de probabilidad de éxito). Con estos pronósticos de producción se estima poder atender el crecimiento del mercado interno a una tasa de crecimiento del 7%/año y además el inicio de la industrialización el 2014 y 2015 más un aumento significativo de usuarios de gas y consumidores de GNC. El actual contrato de exportación al Brasil sería cumplido y finalizado. No se podría llegar a los 27.7 MMm3/d contratados con Argentina antes del 2020. El 2020 sería la antesala de nuestro fin del mundo gasífero. El 2026 se tendría 60MMm3/d de producción. El informe es muy esquivo en cuanto a cifras de reservas a la espera de los resultados de la certificación que esta realizando Ryder-Scott.

Se planea un vigoroso esfuerzo para cambio de los patrones de consumo (matriz energética). Aun así, se admite la imperiosa necesidad de diesel, gasolinas y GLP. Este abastecimiento se torna dramático. La palabra “autoabastecimiento” ha desaparecido del léxico de YPFB. Corriendo contra el reloj, el Plan estima abastecer el mercado el 2014 contando con los resultados de la producción acelerada, la exploración A, la exploración B, una planta de GTL (14.000 bpd de diesel) una nueva refinería en el altiplano, (35000 bpd), líneas de exportación de GLP, de importación de diesel, e importación de petróleo crudo para refinación más la ampliación de la Terminal de Arica y contar con otra terminal marítima de petróleo de 500.000bbl. La red interna de gasoductos y oleoductos sería ampliada, así como las redes de distribución y plantas de almacenaje.

Finalmente, todos los proyectos, demandarían una inversión de 11.292 millones de dólares, 7.561 por YPFB Corporativo con sus filiales y 3731 por las empresas petroleras con contratos en el país. El financiamiento de YPFB sería de un 25% de aporte propio, 10% de otros financiamientos (??), 13% por el BCB y quedarían 52% para buscar.

Poco nos pide el cuerpo, ¿verdad? Pero es “altamente revolucionario” para “vivir bien”. Por falta de espacio, me abstengo ahora de comentarios.

Carlos Miranda P.
Ingeniero petrolero, fue superintendente de Hidrocarburos.

Fuente:   La Razón
Fecha:    28-Ene-2010


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